Bitcoin sigue sin poder romper la barrera de los 65.000 dólares y los mercados están con los nervios de punta. Lo curioso es que mientras el oro y las acciones se mueven a su ritmo, el rey de las criptos lleva varios días bailando en solitario, sin seguir ninguna de las dos tendencias. Esa desconexión ya es una señal que vale la pena mirar con cuidado.

El problema de fondo viene de Estados Unidos, donde los datos del PMI —ese indicador que mide la actividad económica en manufactura y servicios— están encendiendo alarmas serias. Los números apuntan a un escenario de estanflación: precios subiendo mientras la economía se frena. Ese combo es de los más complicados para cualquier banco central, porque si suben tasas para frenar la inflación, asfixian aún más el crecimiento.

Para las criptomonedas y los activos de riesgo en general, este panorama es una papa caliente. Los inversionistas se ponen conservadores, prefieren refugios seguros y Bitcoin queda en tierra de nadie, ni refugio seguro ni activo especulativo de moda. Habrá que ver cómo reacciona el mercado si los datos siguen deteriorándose.