El bitcoin sigue mostrando músculo y se mantiene cómodamente por encima de los 64.000 dólares, una zona que el mercado viene defendiendo con fuerza en medio de un entorno global cargado de señales mixtas. La resistencia del activo digital en ese nivel refleja un apetito sostenido por parte de los inversionistas, incluso cuando los ojos del mundo están puestos en eventos geopolíticos lejanos.
Y justamente uno de esos eventos fue el protagonista de la jornada en los mercados tradicionales: las señales de que el Estrecho de Ormuz podría retomar su flujo normal de tráfico petrolero encendieron el optimismo en Wall Street. El S&P 500 aprovechó ese viento a favor para marcar un hito histórico al superar una capitalización de mercado de 70 billones de dólares, una cifra que no deja de impresionar.
Lo interesante aquí es la conexión entre ambos mundos. El cripto ya no vive en una burbuja aislada; responde a la misma temperatura del planeta que mueve las bolsas tradicionales. Cuando hay calma geopolítica, los capitales se animan, y eso se nota tanto en el S&P como en el bitcoin. El mercado, en todas sus formas, respira junto.