En medio de una tormenta perfecta para los mercados, las cartas coleccionables de Pokémon se convirtieron en los protagonistas inesperados del trimestre. Mientras Bitcoin se desplomaba y el S&P 500 no encontraba piso, estas carticas que muchos guardan desde la infancia rentaron un impresionante 22.8% en solo tres meses. Sí, leyó bien.

Lo interesante aquí no es solo el número, sino lo que revela sobre el comportamiento de los coleccionables como clase de activo. A diferencia de las criptomonedas o las acciones, que reaccionan casi de inmediato ante noticias macroeconómicas, guerras comerciales o decisiones de la Reserva Federal, los coleccionables siguen su propio ritmo, impulsados principalmente por la demanda de comunidades apasionadas y la escasez de ciertos productos.

Para los colombianos que están explorando dónde poner su plata más allá de las opciones tradicionales, este tipo de resultados abre una conversación importante: diversificar no significa solo mezclar cripto con acciones. A veces, la respuesta puede estar guardada en una carpeta plástica desde el año 2000.