El régimen de Kim Jong-un siempre presumió de tener uno de los ejércitos cibernéticos más temidos del mundo, responsable de robarle miles de millones de dólares a exchanges y entidades financieras globales. Pero ahora la ironía llegó sola: esos mismos hackers de élite, formados y financiados por el Estado norcoreano, le voltaron la espalda al régimen y empezaron a saquear los bancos internos del propio gobierno.

Según reportes recientes, las autoridades de Corea del Norte detuvieron a varios integrantes de este grupo de agentes digitales, acusados de transferir fondos estatales a cuentas propias y de lavar ese dinero a través de criptomonedas. El mismo mecanismo que Pyongyang usaba para evadir sanciones internacionales fue el que sus propios agentes aprovecharon para esconder el botín.

El caso pone en evidencia una contradicción enorme: un régimen que construyó toda una infraestructura criminal para atacar al mundo exterior terminó siendo víctima de su propia creación. En el mundo cripto, ni las dictaduras más herméticas quedan blindadas contra la traición de adentro.