Hace más de un siglo, cuando nació el banco central más poderoso del mundo, nadie imaginaba que el dólar terminaría valiendo casi nada comparado con su versión original. Hoy, los números no mienten: esa moneda ha perdido una porción enorme de lo que alguna vez pudo comprar, y la tendencia no da señales de frenar.

Para los colombianos esto no suena a cuento chino. Aquí ya sabemos lo que es ver cómo el peso se derrite entre los dedos, cómo los ahorros de toda una vida apenas alcanzan para lo básico y cómo la inflación cobra sin avisar. El problema no es solo local, es global.

En ese contexto, Bitcoin empieza a tomar fuerza como una opción real. Su oferta está limitada a 21 millones de monedas y ningún gobierno puede imprimirlo de la noche a la mañana. Eso lo hace diferente a cualquier moneda fiduciaria.

Claro que no es una bala de plata: la volatilidad sigue siendo alta y el riesgo existe. Pero para quienes buscan proteger lo que han trabajado, ignorar esta conversación ya no parece una opción inteligente.