Un asesor fiscal español llamado José Antonio Bravo salió a cuestionar algo que mucha gente en el mundo cripto da por sentado: que las stablecoins van a convertirse en el método de pago del futuro. Para él, esa idea está más cerca de ser un sueño bonito que una realidad cercana, y va incluso más lejos al decir que ver a Bitcoin funcionar como dinero universal sería más alcanzable que lograr que las monedas estables se usen masivamente en el día a día.

El argumento mueve el tablero porque las stablecoins —esas criptomonedas atadas al dólar u otras monedas tradicionales— son vistas por muchos como el puente entre las finanzas clásicas y el mundo descentralizado. Su estabilidad de precio las hace candidatas naturales para pagar servicios, hacer transferencias o comerciar sin el susto de la volatilidad.

Pero Bravo señala que hay obstáculos regulatorios, técnicos y de adopción que hacen ese camino mucho más complicado de lo que se pinta. Una posición polémica que, gústele a quien le guste, obliga al sector a hacerse preguntas incómodas que no siempre quiere responder.