El Departamento del Tesoro de Estados Unidos dio un golpe fuerte contra varias empresas canadienses dedicadas al cambio de divisas, señalándolas de haber facilitado transferencias de fondos que beneficiaban a Irán, un país que lleva años bajo estrictas restricciones financieras internacionales. Según las autoridades estadounidenses, estas firmas habrían actuado como puente para evadir los controles impuestos por Washington.
Las sanciones implican el congelamiento de activos y la prohibición de operar con cualquier entidad vinculada al sistema financiero norteamericano, lo cual puede ser un golpe letal para cualquier negocio que dependa de transacciones internacionales.
Pero ahí no paró la cosa. En paralelo, el gobierno de EE.UU. anunció una recompensa de hasta 20 millones de dólares —más la posibilidad de reubicar a quien colabore— para cualquier persona que entregue datos valiosos sobre el programa nuclear iraní. Una suma que deja claro cuánta importancia le da Washington a frenar las ambiciones atómicas de Teherán.
Este movimiento confirma que las sanciones financieras siguen siendo la herramienta más poderosa en el ajedrez geopolítico de EE.UU., y que el mundo cripto y el de las divisas no escapan de ese radar.