La semana pasada se dio una coincidencia que no pasó desapercibida en el mundo cripto: mientras Coldcard, una de las billeteras físicas más respetadas del ecosistema, confirmaba un exploit que comprometió su seguridad, los ETF de Bitcoin en Estados Unidos completaban otra semana consecutiva de entradas de capital. El analista de Bloomberg Eric Balchunas fue uno de los primeros en señalar la curiosa sincronía.

La pregunta que quedó flotando es obvia: ¿el hackeo asustó a algunos usuarios de autocustodia y los empujó hacia productos financieros regulados? No hay manera de confirmarlo con datos duros, pero la correlación temporal da para pensar.

Este debate es especialmente relevante en Colombia y el resto de Latam, donde muchos usuarios todavía están decidiendo cómo guardar sus activos digitales. Custodiar las propias llaves privadas ofrece independencia total, pero exige responsabilidad técnica. Los ETF, en cambio, tercerizan esa carga a cambio de operar dentro del sistema tradicional.

El incidente de Coldcard recuerda que ninguna opción está libre de riesgos, y que informarse bien sigue siendo la mejor inversión.