El más reciente dato de inflación en Estados Unidos sorprendió al mercado: el IPC de julio llegó más moderado de lo esperado, lo que disparó las probabilidades de que la Reserva Federal pause su ciclo de alzas de tasas, superando ya el 60% según los mercados de futuros.
En ese contexto, el oro reaccionó como suele hacerlo cuando hay señales de menor presión monetaria: subió. Los inversionistas tradicionales lo vieron como refugio ante la incertidumbre y no dudaron en entrar. Bitcoin, en cambio, se quedó prácticamente quieto, lo que generó la pregunta obvia: ¿por qué la cripto más grande del mundo no siguió el mismo camino?
La respuesta tiene varias capas. Analistas de CryptoQuant identificaron señales que podrían indicar que el precio de Bitcoin estaría tocando fondo, pero también advierten que el proceso de capitulación —ese momento en que los últimos vendedores sueltan sus monedas— todavía no habría concluido del todo.
Mientras el mercado digiere estos datos, Bitcoin sigue en una zona de definición. Lo que pase con las próximas decisiones de la Fed será clave para ver si la cripta finalmente se activa o sigue en compás de espera.