La empresa Keel tomó una decisión contundente: cerrar todas sus operaciones de minería de Bitcoin en territorio estadounidense luego de que sus ingresos se desplomaran a la mitad durante el segundo trimestre de 2025. Un golpe así no es fácil de absorber, y la compañía optó por no esperar a que la situación empeorara.

En vez de seguir apostando a una actividad que ya no estaba dando los frutos esperados, Keel decidió redirigir sus recursos hacia la infraestructura de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Este tipo de servicios están en plena demanda global, impulsados por el crecimiento acelerado de modelos de lenguaje, centros de datos y aplicaciones empresariales que requieren enorme capacidad de procesamiento.

Lo interesante es que Keel no está sola en esta jugada. Varios mineros a nivel mundial han venido migrando hacia la IA como salida estratégica, especialmente después del último halving de Bitcoin, que redujo las recompensas por bloque y apretó aún más los márgenes del sector. El futuro, al parecer, está más en los chips de IA que en las ASIC mineras.