En 2015, Google tomó una decisión que hoy parece de película: invertir en SpaceX cuando la empresa de Elon Musk todavía era vista por muchos como una apuesta arriesgada. Casi una década después, esa participación alcanzó un valor cercano a los 94 mil millones de dólares, una cifra que deja sin palabras a cualquiera.
Sin embargo, el asunto tiene su matiz. La mayor parte de esas acciones están bloqueadas, lo que significa que Google no puede simplemente venderlas y embolsarse esa fortuna de la noche a la mañana. En el mundo de las inversiones tecnológicas y de activos no líquidos, esto es bastante común: tener el papel que dice que vales un dineral no es lo mismo que tener ese dinero en la mano.
Este caso conecta directamente con algo que también se debate en el ecosistema cripto: la diferencia entre valor en papel y liquidez real. Proyectos, tokens y participaciones pueden mostrar números impresionantes, pero mover esa riqueza es otro cuento. La lección es clara: la paciencia construye valor, pero la liquidez es la que te deja actuar.