Las stablecoins ya demostraron que pueden mover dólares a cualquier hora sin pedir permiso ni cobrar lo que cobran los bancos. Pero resulta que mover plata es solo una parte del negocio. La pelea de verdad está en todo lo que viene después: quién abre la cuenta, quién emite la tarjeta, quién hace el cambio de moneda y, sobre todo, quién se gana la confianza del cliente.
Ahí es donde las redes de pago y las fintechs están entrando con todo. Estos jugadores ven una oportunidad enorme en los servicios que los bancos tradicionales han dominado por décadas, y están usando las stablecoins como puerta de entrada para construir una relación financiera completa con los usuarios.
Para Colombia esto pega duro, y en el buen sentido. Todavía hay millones de personas que el sistema financiero tradicional no alcanza a cubrir bien, ya sea por costos, por trámites o por simple falta de acceso. Si estas nuevas alternativas logran ofrecer servicios completos con stablecoins de respaldo, el mapa financiero del país podría cambiar bastante en los próximos años.