El pasado reciente dejó una tragedia que estremece a toda América Latina: Jonathan Meléndez, tecladista del reconocido grupo mexicano Camilo Séptimo, fue asesinado junto a su esposa embarazada, su hija de apenas tres años y su empleada doméstica. Un crimen brutal que, según la Fiscalía del Estado de México, habría tenido como móvil principal apoderarse de una fortuna en Bitcoin que el músico habría acumulado.

Las autoridades mexicanas señalan que los perpetradores tenían conocimiento previo de que Meléndez poseía criptomonedas de valor considerable. Eso convierte este caso en algo más que una noticia de farándula: es una advertencia directa sobre los peligros reales de hacer visible la riqueza digital.

En Colombia, donde el ecosistema cripto crece cada vez más rápido, este episodio debe hacernos reflexionar. Hablar abiertamente de cuánto Bitcoin uno tiene, presumirlo en redes sociales o comentarlo en círculos amplios puede atraer miradas peligrosas. La discreción no es paranoia ni exageración: es una medida de seguridad básica que todo holder debería aplicar sin pensarlo dos veces.