La minería de Bitcoin está viviendo uno de sus momentos más difíciles. Después de alcanzar un pico histórico de 1.1 ZH/s en octubre de 2025, el hashrate de la red —esa medida que refleja cuánta potencia computacional está protegiendo la blockchain— comenzó a caer. La señal es clara: mantener las operaciones ya no es tan rentable como antes.
El gran culpable de este cambio es la inteligencia artificial. Los centros de datos más grandes del mundo están redirigiendo su infraestructura hacia cargas de trabajo de IA, que resultan más lucrativas que minar Bitcoin. Empresas que antes apostaban todo a las criptomonedas ahora prefieren arrendar su capacidad computacional a compañías de tecnología dispuestas a pagar mucho más.
Para Colombia y Latinoamérica, donde muchos mineros sobrevivían gracias a tarifas eléctricas competitivas, esta tendencia genera preocupación real. Si los costos operativos siguen subiendo y los grandes jugadores globales abandonan el sector, el ecosistema minero regional podría quedar bajo presión en los próximos meses. Vale la pena seguirle la pista a este movimiento.