La minería de Bitcoin está atravesando uno de sus momentos más complicados en años recientes. A pesar de que la potencia computacional de la red alcanzó cifras récord en octubre de 2025, superando el umbral de 1.1 ZH/s, la tendencia desde entonces ha sido a la baja, y hay una razón clara detrás de este retroceso.

Los grandes centros de datos, que antes eran aliados naturales de los mineros, hoy prefieren destinar su infraestructura a proyectos de inteligencia artificial. Sencillamente, la IA les genera mejores márgenes de ganancia que procesar transacciones de criptomonedas. Esto ha dejado a los mineros tradicionales sin acceso a las instalaciones más grandes y eficientes, especialmente en los mercados donde los costos operativos son más elevados.

Lo que vemos aquí es una disputa directa por los mismos recursos: electricidad, espacio físico y hardware especializado. En esa pelea, por ahora, la inteligencia artificial está ganando. Para los mineros de Bitcoin, el reto es encontrar alternativas más económicas o reinventarse antes de que la presión se vuelva insostenible.