Una localidad del estado de Nueva York, reconocida por haber sido una de las primeras en imponer una moratoria a la minería de Bitcoin, está evaluando dar un paso más radical: prohibir de manera temporal tanto la minería de criptomonedas como los centros de datos de inteligencia artificial. La medida aún está en discusión, pero ya genera revuelo en los círculos tecnológicos y regulatorios del país norteamericano.
La raíz del debate está en el enorme consumo energético que generan estas actividades. Las comunidades locales llevan tiempo expresando preocupación por el impacto ambiental y la presión que ejercen sobre las redes eléctricas regionales, especialmente en zonas donde la infraestructura no está diseñada para soportar esa demanda.
Si el veto llega a concretarse, podría convertirse en un modelo que otros municipios estadounidenses —y del resto del mundo— comiencen a replicar. Para la industria cripto y la de IA, esta tendencia regulatoria es una señal de alerta clara: el crecimiento tecnológico sin consideración ambiental cada vez encuentra más resistencia a nivel local.