Ripple acaba de anunciar inversiones estratégicas en ZILO y Licuido, dos compañías con sede en el Reino Unido enfocadas en soluciones financieras sobre el XRP Ledger. La apuesta busca ampliar el uso real de la red XRPL, atrayendo nuevos proyectos y casos de uso que vayan más allá de los pagos transfronterizos tradicionales.
ZILO trabaja en tokenización de activos, mientras que Licuido se enfoca en liquidez descentralizada. Ambas propuestas encajan con la visión de Ripple de convertir el XRPL en una infraestructura financiera global, competitiva frente a redes como Ethereum o Stellar.
El debate que surge de inmediato en la comunidad es legítimo: ¿quién se lleva el beneficio real aquí? Cuando se analizan las cifras de comisiones generadas en la red, los números sugieren que gran parte del valor circula dentro del ecosistema corporativo más que hacia los bolsillos de quienes tienen XRP.
No obstante, más actividad en la red significa más transacciones, y más transacciones podrían traducirse en mayor demanda del token. La pregunta no es si Ripple crece, sino si ese crecimiento termina jalando a XRP con él.