Las autoridades rusas dieron un golpe contundente al mercado crypto informal en la capital del país: nueve casas de cambio de criptomonedas que funcionaban sin ningún tipo de registro legal fueron clausuradas en Moscú. La operación estuvo liderada por el FSB, el servicio federal de seguridad ruso, que venía siguiéndoles la pista a estos negocios desde hace un tiempo.
Según las investigaciones, estos puntos de cambio no eran simples emprendimientos informales. Funcionaban como canales para mover dinero sucio hacia el exterior, especialmente recursos vinculados a fraudes telefónicos organizados desde call centers en Ucrania. En otras palabras, recibían plata caliente y la convertían en cripto para sacarla del radar de las autoridades.
Este tipo de operativos refleja una tendencia global: los gobiernos están cerrando espacios para quienes usan el ecosistema blockchain como escudo para el lavado de activos. Rusia, aunque tiene una relación compleja con las criptomonedas, deja claro que la informalidad y la ilegalidad no tienen cabida, al menos no sin consecuencias.