Samson Mow, empresario y una de las voces más reconocidas del ecosistema bitcoiner, encendió el debate al señalar que todo el alboroto generado alrededor del BIP-110 era completamente evitable. Para Mow, lo que muchos leyeron como un movimiento técnico fue, en el fondo, una reacción directa a cómo se han venido manejando las cosas dentro del círculo de Bitcoin Core.
Según su lectura, si los desarrolladores y figuras clave del protocolo hubieran tomado decisiones más abiertas y con mejor actitud frente a la comunidad, ese sacudón nunca habría cobrado la fuerza que tomó. En otras palabras, el problema no fue solo técnico: fue también de formas, de comunicación y de cómo se ejerce el poder dentro del ecosistema.
Este tipo de declaraciones vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que Bitcoin lleva años esquivando: ¿quién realmente decide el rumbo del protocolo? La gobernanza descentralizada suena bonita en papel, pero en la práctica sigue generando fricciones que sacuden a toda la comunidad.