En Venezuela, el día a día cambiario es una verdadera montaña rusa. Los comercios y empresas manejan simultáneamente al menos tres referencias: el USDT, el dólar estadounidense y el euro. Ante tanta variedad, la lógica del negocio es sencilla y cruel al mismo tiempo: los precios se fijan según la tasa más cara disponible, que casi siempre termina siendo el euro.

Esto genera un fenómeno que los economistas conocen como "Rockets and Feathers" —cohetes y plumas—. La idea es simple: cuando el tipo de cambio sube, los precios reaccionan de inmediato y se disparan como cohetes. Pero cuando la divisa baja, esos mismos precios caen despacio, como una pluma que flota sin prisa. El consumidor paga rápido el alza, pero espera una eternidad para ver algún alivio.

Esta situación venezolana es una lección valiosa para Colombia y toda la región. La fragmentación monetaria y la dependencia de múltiples referencias cambiarias rara vez benefician al ciudadano común. Al final, siempre termina pagando la diferencia el bolsillo de quien menos tiene, mientras los márgenes de ganancia protegen a quienes fijan los precios.