Dos gigantes del mundo financiero y tecnológico, Visa y Artemis, prendieron las alarmas sobre uno de los temas más calientes del momento: la economía de agentes de inteligencia artificial autónomos. Según ambas compañías, no es falta de inversión ni de interés lo que frena este mercado emergente, sino los cuellos de botella que todavía persisten en la infraestructura tecnológica que los soporta.
Los agentes de IA autónomos son sistemas capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas financieras sin intervención humana directa. La promesa es enorme, pero la realidad muestra que las tuberías por donde debe fluir toda esa automatización aún no están listas para el volumen que se necesita.
Para países como Colombia, donde la adopción cripto y tecnológica viene creciendo con fuerza, esta advertencia es relevante. Las oportunidades están sobre la mesa, pero sin una infraestructura sólida que respalde las transacciones y operaciones de estos agentes, escalar será difícil.
El dinero y el entusiasmo sobran. Lo que falta es construir los cimientos técnicos que conviertan esta visión en algo funcional y masivo. La carrera apenas comienza.